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Uso de limpiadores probióticos para la desinfección de superficies
Higiene de superficies
Además de la transmisión directa entre pacientes o empleados en el ámbito de la salud, las superficies contaminadas también pueden convertirse en un reservorio de patógenos y contribuir a la propagación de infecciones nosocomiales [1]. Por lo tanto, una higiene exhaustiva de las superficies es tan importante como la correcta higiene de manos. Es fundamental elegir el desinfectante de superficies adecuado, ya que cada superficie presenta un riesgo individual que debe ser evaluado en consecuencia [2]. Los desinfectantes disponibles para el usuario contienen diferentes ingredientes activos, como alcoholes, compuestos de amonio cuaternario o agentes oxidantes.
Novedad en el contexto de la limpieza y desinfección de superficies son los limpiadores probióticos, que contienen esporas de bacterias no patógenas. Las esporas provienen generalmente de bacterias ácido lácticas o de la especie Bacillus [3]. Al aplicarse en la superficie, las bacterias que surgen de las esporas desplazan a los patógenos mediante el principio de competencia, por ejemplo, consumiendo los escasos nutrientes disponibles. Además de las esporas bacterianas, los limpiadores probióticos suelen contener detergentes para facilitar la limpieza de la superficie. Una ventaja de los limpiadores probióticos es que, al no contener sustancias antimicrobianas químicas, se logra una alta compatibilidad tanto con el material como con el usuario. Las esporas bacterianas son inofensivas para las personas y las superficies, y solo los detergentes presentes en el producto deben considerarse en la evaluación de riesgos.
En un estudio de 2022 se demostró que la carga de patógenos en superficies de una sala neurológica pudo reducirse parcialmente mediante el uso de un limpiador probiótico. Además, disminuyó la proporción de bacterias que portaban un gen que confiere resistencia a antibióticos [4]. Además de las células individuales en estado planctónico, los biopelículas representan un gran desafío para los limpiadores y desinfectantes. Las biopelículas son agrupaciones de bacterias rodeadas por una matriz polimérica que puede proteger a las bacterias de las sustancias antimicrobianas. Los limpiadores probióticos también tienen dificultades para eliminar y desactivar las biopelículas, y su rendimiento en este aspecto es inferior al de los desinfectantes convencionales o del simple jabón [3].
Tanto los desinfectantes convencionales como los limpiadores probióticos están clasificados como biocidas [5] y, por tanto, requieren una aprobación oficial. Sin embargo, a pesar de esta clasificación común, no se pueden comparar directamente en muchos aspectos, ya que cada clase funciona de manera diferente. Por ejemplo, el efecto positivo de los limpiadores probióticos tarda mucho más en manifestarse, ya que las esporas bacterianas deben germinar y luego desplazar a los patógenos por competencia de nutrientes. Los desinfectantes, en cambio, actúan ya tras el primer uso y, a menudo, en cuestión de segundos o minutos. Los patógenos son inactivados químicamente y, tras el tiempo de contacto, la superficie ya no representa un riesgo de contaminación. Una superficie tratada con limpiadores probióticos nunca está libre de microorganismos, y la detección de restos de patógenos requiere métodos microbiológicos complejos. La desinfección convencional, en cambio, busca reducir la carga microbiológica total de una superficie hasta el punto en que no represente un riesgo de infección. La reducción de patógenos puede comprobarse de manera rápida y sencilla mediante la determinación de la carga microbiana total en la superficie.
Conclusión
Los limpiadores probióticos, según el estado actual del conocimiento, son seguros para las personas y el medio ambiente, pero aún así se clasifican como biocidas, ya que reducen parcialmente la carga de patógenos en las superficies. Es importante tener en cuenta que, entre otros aspectos, la falta de normativas nacionales o internacionales para determinar su eficacia, así como las diferencias en su manejo en comparación con los desinfectantes convencionales, dificultan la evaluación de los limpiadores probióticos en el marco de la gestión de riesgos y plantean desafíos específicos para su incorporación en los planes de higiene.
Fuentes
– Kramer A et al. (2006) BMC Infect Dis 6:130.
– Assadian O et al. (2021) J Hosp Infect 113:104-114.
– Stone W et al. (2020) Microorganisms 8(11):1726.
– Klassert et al. (2022) Clin Microbiol Infect S1198-743X(22)00109-4.
– EuGH, Sentencia del 19.12.2019, ECLI:EU:C:2019:1140.
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